martes, 15 de diciembre de 2015

Olor de almendras amargas

Ha vuelto el cólera. Como a latigazos se disuelven mis vísceras bajo los temblores. Vienen solos los temblores, de alguna profundidad desconocida de mi cuerpo; sin saber su mecánica, se manifiestan. Entonces nieva sobre la cama, y sobre tí la nieve no cuaja, pero sobre mi hay un alud inmenso. Se me ha caído encima la montaña: el destino de los amores contrariados.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Canene está aquí, conmigo.

Ya está, se ha derrumbado la casa, se la han llevado y ya no es nuestra. Que ese suelo ya no es mío, que ese espacio a siete pisos sobre el suelo no es mío y que ya no puedo pisarlo y que van a tirarlo abajo, con todo el aire que tiene dentro, con los azulejos azules, con las estanterías, con los armarios. Con papeles la han comprado mal vendida. Y creen que han comprado el recuerdo y lo han borrado. Y que podrán derribar cada resto de lo antiguo, cada vieja madera, cada desconchón de pintura, cambiar la distribución de las cosas, las subidas del agua y los huecos de las ventanas. Y se creerán que han comprado la luz de las casas blancas del otro lado de la calle, y los rascacielos del rinconcito de ventana del despacho y tal vez se crean que han comprado la vista del patio y a las golondrinas y las palomas que volaban de una pared a otra y el mirlo que volvía cada verano sobre la cocina, pero esos no los han podido comprar, porque son míos y sólo míos y como amaestrados sólo vendrán a mi llamada, cuando yo levante de nuevo la casa, cuando la reconstruya y ponga de nuevo cada cosa en su sitio. Cada libro, cada pisapapeles, los azulejos uno a uno sobre la bañera y la casa de muñecas. Y volverá la gata naranja y Julia y las nubes a borreguitos y el cielo como panza de burro y el verano al patio amarillo con los chillidos de los vencejos y la casa, que ya no será más su casa, será la mía, la de la pequeña Meme con la mano quemada, la de Canene y el Abuelo, y habrá vuelto el aire que nunca debió salir de ahí, el olor del papel y tendremos todo lo bueno, aquello que ellos nunca tendrán, pues sólo han comprado mal vendido un trozo de espacio a siete pisos del asfalto, nada, un hueco más del mismo portal de cien vecinos, unos ladrillos más que derrumbar. Y ojalá se asfixien bajo ese polvo, el polvo naranja del ladrillo y de lo insulso, ese polvo que a nosotros nunca nos tocó. Nuestras manos blancas al despertar seguirán siempre sobre nuestras cabezas y nosotras mirándolas, sonriendo.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Hiroshima, mon amour

Esta noche hemos saltado la valla de la calle Mejía Lequerica. No había razón para saltarla, ha sido un impulso. Ya habían cerrado todos los bares de Malasaña y he levantado la primera pierna sobre el metal rasgándome las medias hasta el tobillo y me he quedado un momento sentada como sobre un caballo en la valla. En los otros dos lados de la manzana hay un edificio abandonado de tres plantas en forma de L y en el solar la hierba está muy alta, nos hundimos hasta la cintura mirando los ojos luminosos de los gatos como tigres en la selva. A ti te temblaban las manos, sobrecogido. Las he notado heladas sobre los dedos y tenías los ojos brillantes comos los gatos mirando hacia arriba. Me has empotrado contra la valla, de frente y de espaldas, celebrando que el solar es nuestro; estábamos ciegos como las ventanas tapiadas mientras ardía el tercer piso de la casa de enfrente. Y después me has acostado sobre la hierba y tan suave que casi no te he oído me has hablado del sueño que tienes en el que estamos sólo nosotros en el mundo, y cómo todo está en silencio y todo es nuestro y todo tan vacío.

viernes, 13 de diciembre de 2013

El milagro

Si sólo se ve en el cristal el último brillo, estarán tus manos transformadas de pájaro. Como en el alero se lanzaban los vencejos desde el nido, se te han lanzado los animales al cuerpo y te han hecho de si mismos. Y sé que el corazon te late ahora tan deprisa que serías el primero en ahogarte en una mina. Entonces, si es que alguien puede verte en lo azul, te verá vestido de pequeño gorrión, vuelto kaftianamente de pájaro. Un Judex. Y si alguien espera lo suficiente sin dormirse con tu suspiros de pájaro, si es que alguien puede esperarte, te verá extender las manos y el temblor de tus clavículas, y cómo, con un batir de alas de palmas andaluzas, vuelas en círculos por la habitación cada vez más oscura.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Hiper luxación

El desgarro de que mi cuerpo empiece a levitar y se queden mis entrañas en la tierra, la mordida tierra. El desgarro se produce si quiero estar contigo, si quiero ese sosiego y la cama caliente y la luz del cuarto antiguo y las flores secas, y no se puede. Y es la insoportable levedad del ser y del tener y lo insoportable de la pérdida del momento. El desgarro insoportable. Y es todo lo que tiene un final. Lo que todo es y tiene: el final. Y aún así pasa y sigue y espero el viernes y luego el viernes para encontrar el sosiego y se pasa y no queda. Ya se han ido los amigos, las niñas, la cama de los padres. Y me viene el desgarro de la inquietud, de la experiencia y la certeza de lo venidero. La insoportable nostalgia, nostalgia de cada tiempo. Y sé que lo mio no es nada, no es nada. Y la nada es todo lo mío. La nada y tú y tú y tú... Y la nada.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuatro horas en Chatila

Llevo cincuenta minutos mirando el blanco y el negro y como Jean Genet sólo veo patas de mosca. Yo no sé si al tocarte de pasada el pelo, mientras duermes, como todo lo que hago prohibido sobre ti, entenderás lo que quiero decirte con todos estos insectos. Yo no sé si se puede decir con patas de mosca el gusto de los pies fríos o el de los labios de a poquitos. Si es todo evidente, y manido y cursi, no puedo evitar el equivoco. Porque llevo cincuenta minutos mirando el blanco y el negro y se me niegan todos los escalofríos de cuando me dices... Y tú, que lees siempre el primero, ya sabes lo que me dices. Y yo quería decírtelo, pero sólo he matado moscas.

miércoles, 30 de octubre de 2013

In the mood for ...




Pienso que es un tic tuyo, como el de cruzar las manos sobre el pecho, el hacer cosas con la boca abierta. Te miro mientras duermes y es cuando tengo unas ganas destructivas de abrir la boca y decirte las palabras. Si yo te contara cómo se sienten en mi boca esas palabras, no lo entenderías. Mantengo los labios bien prietos, mordiendo mi lengua; y si duele la mordedura, tanto mejor. Son unas ganas que me nacen de improviso en el bajo vientre, como un cohete de los que silban hacia el cielo en una sola estela y luego revientan en tres partes; son ganas de ceder, de rebasar, son ganas de inmolarse. Hablar sería el suicidio. Por eso te miro mientras duermes con la boca abierta y yo no abro la boca, nunca digo nada y dejo a los cohetes arder por dentro. Y a veces eres tú el que dice cosas en sueños. Pienso entonces: ¿fuiste niño alguna vez? Te imagino desde niño, con la cara que pones cuando eres tímido y luego te miro como eres ahora, tan blanco. He visto tus fotografías de adolescente, con el pecho abierto en la playa y tu perfil recortado sobre el mar. Pareces el niño de Visconti, tan flaco, con tus piernas como dos palos recortados por el agua. Fuiste alguna vez así. Una pena no haber coincidido contigo entonces. Puede que entonces fueras menos perverso, menos endiablado. Hoy no hay manera de atraparte, no hay trampa que te sujete. Luego me imagino cómo la perdiste, la virginidad, se sobreentiende. ¿Se habrán tensado estremecidos los dos palos de tus piernas? ¿Dónde las marcas primeras en el cuello? Serías el niño de los ojos que hace cosas con la boca abierta. El flaco chico de la arena, el de palo. Y cuando despiertas me miras profundo. Pones caras cuando me ves en la esquina. Hay un choque de ojos y de un golpe eléctrico me obligas a cerrarlos. Pones caras raras, porque eres raro. Está prohibido mirarte mientras duermes, estás prohibido. Si yo abriera la boca entonces y te dijera lo que me arde en la lengua, el mundo se acabaría, pero nadie quiere que el mundo se acabe aún, todavía no. Y me callo, y tú vuelves a dormir.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Coeur fidèle


Estaré aquí, aunque tú no estés.

martes, 24 de septiembre de 2013

Dormía y soñaba que la vida era alegría

Si tú estás durmiendo en la habitación de al lado, significa que pronto iré yo a dormirme contigo. Y eso no impide que el universo se expanda o la irremediabilidad de la muerte, ni los corrimientos de tierras o que pronto sea invierno, pero es un gran consuelo.


viernes, 20 de septiembre de 2013

Cierra la ventana, que entra el polvo.

No hay maderas en el suelo, el baño azul está sin bañera. En la bañera azul me he metido con amantes y ya no hay bañera. Los cristales de las ventanas han reventado. Si acaso quedan dos azulejos desconchados de los de después de la reforma. Ya no hay hormigas diminutas entre las grietas del suelo. Todas las paredes son estaterías de polvo y de yeso. Las lámparas sin bombilla. Y los libros han ardido. Los rincones mágicos. ¿Dónde están las cosas con nombre? Las vidas enteras esparcidas: el olvido. Han comprado la casa y hay algo pateticamente misterioso, algo lynchiano, en que alguien nuevo, desconocido, pueda robarle a una las vistas de su infancia. Y eso es lo unico que pervive: las golondrinas volando en círculos en el patio.