sábado, 2 de enero de 2010

Lotte

La noche era tan fría, la oscuridad tan profunda. Niebla. Estrellas. Rompió, al pisar sobre la superficie, la fina capa de hielo que cubría el agua. Se le empaparon las botas, caminó hacia el centro hasta que ya no hizo pie. Sumergió la cabeza, el agua era tan negra… Cerró los ojos. Sólo tenía que esperar y aguantar.

Y aguantó hasta que el frío le entumeció los miembros, aguantó hasta dejar de sentir dolor, aguantó hasta que se le nubló la mente, aguantó hasta que se le encharcaron los pulmones, aguantó hasta que su corazón dejó de latir.

Las palmas de sus manos quedaron flotando hacia arriba, como si pidiera perdón por haberse abandonado a si misma, como si al fin se hubiese liberado.



Ofelia ahogada - John Everett Millais

1 comentario:

Elvira dijo...

Me gusta como escribes, es poético. Saludos