sábado, 24 de abril de 2010

Ardores

Vástagos y secuaces del mismo hambre lacerados;

secuencias tibias, frágiles antojos de hijos bastardos;

años sin nombre, dolorosas heridas abiertas, sangrantes

de purpúreo palpitar. Hiel y vinagre en los labios, de sobra.

Del mismo ensayo vacilante surgirán los actos del hombre

que en el escenario del mundo interpretarán la Obra.

Temblor en los miembros brillantes de angustia,

ansia de muerte y fatiga incombustible y mustia.

Adiós a la vida que tan poco me aprecia,

bienvenida sea la muerte que adormece;

ensayad la Obra sin mi dolencia.

Miedos encubridores de cantos de sirena,

que apetitosas y con apetito tu caída esperan.

Sueños de plata y hojalata, oxidados cual montes de Siena.

No hay comentarios: