jueves, 29 de abril de 2010

Infancia

En otra vida estoy segura de que fui un pájaro. Una golondrina pequeña, de las que nacen en el patio de la Escuela de Minas, entre la calle Alenza y la de Ponzano.
Algo de ese latir rápido y su piar nervioso queda aún dentro de mi. Mis delirios son sólo ansias reprimidas de salir volando.
Hecho de menos los giros distendidos del amanecer y el atardecer, el aire, las alas, la negra silueta perfecta de mi familia al planear. La libertad. Mi hogar es un agujero.
Ahora las veo al otro lado de la calle, sobre el patio de las monjas. Pequeñas motas de polvo que huyen de la monotonía.

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