sábado, 8 de mayo de 2010

Sangre

Bajo este vacío hay una taladro que me perfora, como un pájaro carpintero. Tengo clavos en las manos y en los pies: tres. Hay un cielo gris que amenaza una lluvia dispersa.
¿Cómo has podido hacerme esto? ¿Cómo puedes seguir haciéndomelo?
Quiero besar la boca de todos los hombres con barba y odio a todas las mujeres con gafas grandes.
Jamás pensé que me negarías un beso. No voy a darte nada que tú no me vayas a dar, estoy harta de darlo yo todo.
Te has convertido en una persona pequeña, sin cerebro, que habla mucho y hace poco. Supongo que te arrepentirás algún día, aunque suene a venganza.
¿Por qué no puedo pasar página? Tengo páginas borrosas y páginas en blanco, páginas mojadas y destruidas, con esquinas envenenadas que dejan los dedos negros. He olvidado cómo se escribe con razón y criterio. ¿Qué pasa si yo quería seguir leyendo la página anterior?
Yo no decido nada, yo no hago nada, yo no cuento nada, mis palabras son viento que se pierde en la montaña. No tienen eco. Tengo la impotencia de un falo cercenado. ¿Qué nos ha pasado?
Quiero odiarte, pero no soy capaz.
Me estoy aguantando, y mucho, el placer de cortarme las venas. Pero ya no soy una adolescente y yo sí sé distinguir el bien del mal.

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