viernes, 4 de junio de 2010

Entrenamiento

Lo bueno es darse cuenta de que sólo hay un camino de ida y que no se puede dar la vuelta.
Un pie delante de otro, con los pies en la tierra y en la roca, con las manos llenas de sangre y la cara quemada. Cruje la gravilla, un pie y otro pie, uno, dos. Suda tu nuca. Tengo agujetas de pino.
Siguiendo el camino te das cuenta de que pierdes cosas y ganas otras cosas. M. y P. Sólo tienes un pie delante de otro, no queda otra.
Te giras hacia el sendero recorrido y te enorgulleces de haberlo andado. Saber que no hay vuelta atrás es lo que más te anima a seguir.



3 comentarios:

Igor dijo...

Un escrito muy vital, me gusta. El orgullo de lo andado, es verdad.

piensaenbrooklyn dijo...

Caminante no hay camino........
Hasta otra.

antonio dijo...

Conozco esa sensación.
Bien descrita saludos.