martes, 3 de agosto de 2010

De luto

Últimamente sueño muchas cosas, cosas que escandalizarían a cualquiera. Conozco a personas que saben, pero yo aún no puedo controlarme en el ensueño. Un pianista sabía la técnica de mirar las manos de los sueños y volaba cuando quería, viajaba a las nebulosas, conocía sus pesadillas y las disipaba, saltaba de un sueño a otro de la gente y aparecía en sus cabezas, les susurraba cosas, jugaba, confundía; para él dormir era un entretenimiento. Yo sin embargo vuelo despierta y visito agujeros negros que no me hace falta haber visto para conocerlos. Dormir para mi es una pura necesidad, donde aparecen los fantasmas de los que no saben soñar en vida.
¿Que qué es lo que sueño las noches? No puedo casi nunca recordarlo con claridad, sólo me quedan sensaciones. Son nubes de niebla que murmullan sentidos. Me salgo de la cabeza y fluyo por diferentes cumbres, en diversos glaciares. Creo que vuelvo a la ventana de las golondrinas y a la tranquilidad primigenia, pero de repente vuelvo en mi. Creo que vuelvo a la calle maldita, el día que morí, pero de repente vuelvo en mi. Y todo se pasa. A veces he apretado tanto los dientes que me duele la mandíbula al despertar.
¿Y que qué es lo que sueño de día? Eso sí te lo puedo contar.
Sueño con las alas de cuando fui golondrina y recuerdo las palabras de mi piar. Desde el tejado de la Escuela de Minas salgo a volar por el patio de mi abuela y doy vueltas de circunferencia al aire naranja y lo parto chillando y esquivo las ventanas, derrapando a un centímetro. Los bosques primarios, la humedad de la tierra entre mis pies que se hacen barro. La lluvia que cae y golpea, el color gris de cuando llueve. La oscuridad de una caverna de la que quedan aún piedras en mis uñas y en la que dejé una huella fosilizada y un bisonte en el techo. Las constelaciones y las puertas de los confines del universo a otro universo paralelo, donde vivimos nosotros, pero yo en una luna de entre siete que tiene mi planeta y tú en un cuerpo celeste con anillos a una distancia de miles de años luz. Mirar desde el profundo abismo la superficie del agua y me trago los rayos desviados de luz azul. La arena dibuja ondas de desierto mojadas. Mi pelo son trazos de grafito empapados. La cima más alta, cima sin nieve ni frío. Y si saltas desde arriba hacia el fondo la caída de cabeza no termina nunca, ya no hay gravedad, sólo ventisca. Suspiros en la nuca. Grava en las manos. Agua desde mis poros a mis poros. Amaneceres constantes. Mundos vacíos, silenciosos. Papiros oscilantes que son árboles milenarios. Luz en el espacio, que dibuja colores en los gases y sombras de estrellas y todo se refleja en el fondo, en el final de lo infinito.
Y la sensación nunca desaparece, porque los ojos los tengo abiertos y la mente consciente. Habito en todas partes, creo lo increíble, nombro lo desconocido.
Ahora puedes entender que Calderón tenía razón y que mi vida pensante es sueño y mis sueños, sólo banales sueños son.

5 comentarios:

Ceci dijo...

Si que tenemos el mismo título,qué fuerte, telepatía total,jeje yo es que perdí a una persona querida hoy, no me quedaba otro título...

Vagamundo dijo...

Si lo puedes imaginar, si lo puedes soñar, entonces existe. Al otro lado del sueño.

ladeoriente dijo...

Dicen que los sueños se apoderan del subconsciente y viceversa.He llegado a tener casi fobia a dormir, no llamaría soñar a las noches en las que cuando cierro los ojos lo que hay al otro lado es un infierno...las pesadillas se llevan muchas horas de mis noches.

Gabrielle Dupré dijo...

Uffff! este texto es INTENSO, al principio parecía despedida, pero no fué así.

"Y la sensación nunca desaparece, porque los ojos los tengo abiertos y la mente consciente. Habito en todas partes, creo lo increíble, nombro lo desconocido. "

Es mi parte favorita, sobre todo por lo de los ojos abiertos y su sensación, que se acompaña con la necesidad de estar VIVO y de pie!

Un besito Meme.

Te quiero!

Anna dijo...

Estoy con vagamundo, si lo puedes imaginar entonces existe. Soñar despierto nos ayuda a perdernos por los laberintos de la imaginación, a desconcentrarnos del presente y a fabricar un sinfin de "¿y si...?.