lunes, 11 de abril de 2011

Hierro 3

Primero le ha llenado la cabeza de palabras, le ha moldeado la voluntad a base de palabras. Hay un esquema perfeccionado lleno de una experiencia que ahoga. Tanta miel de panal que todo se hace un dulce descenso.
Y un desconocimiento completo parece ella, una pulcritud, una virginidad casta, ante tantas palabras; ella es muy pequeña, ella vuelve a tener quince años. Y es atraída sin remedio hacia el panal, como por un perfecto camino asfaltado, llena de ansia de azúcar.
Labios prietos, muy duros, rostro agudo y cortante de huesos, con los ojos enormes, bien abiertos, pero labios de piedra fría que respiran. Besos que buscan abarcar toda la cara, todo el cuello y en el hueco del oído le respiran, suspiran. Y él le pregunta sobre lo íntimo, en susurros y le aparta el pelo como si fuera a partirse y se come su cuello con la lengua.  Le coge las manos, se la lleva, busca un recoveco en sombra: son un par de adolescentes, otra vez.
Ese vestido de quinceañera es demasiado provocativo, la pequeña lo sabe y se deja desvirgar. Perdió la voluntad aunque no sabe en cuál de las palabras. Él es tan alto que la niña, bien recta, sólo le llega hasta la mitad del pecho. Él es tan delgado que ella le da dos vueltas con los brazos, que el corazón a su altura le choca contra las sienes y las costillas. Le ha quitado el vestido y la aprieta contra el pequeño cubículo, el horrible agujero vacío encontrado. No cierra los ojos ni un momento, no parpadean los enormes ojos, sólo piden el descenso, el pequeño doblez de la boca hacia el miembro y empujan la cabeza, masajean la pequeña cabeza hacia el bajo vientre y la mantiene. Es tan alto que ella no le llega, le pide también un descenso con los suspiros, pero no le llega, intenta morder los prietos labios que no se abren, le lame las altísimas sienes, pero no le llega y se abandona al bombear y disfruta de la boca llena, como si fuera la primera vez. Se hace largo, inmenso, eternamente estancado el tiempo en un fluir de humedad asfixiante. Hasta que ya no hay presión y él se para y se aparta y se corre en sus manos blancas, sobre la ropa del suelo y no dice nada, ni la besa y ya no hay palabras. Ya se descargó entero de semen y de palabras.

4 comentarios:

◊ Dissortat ◊ dijo...

Aun en mi estado, este texto lo ha conseguido.

Vagamundo dijo...

No se puede pedir más... ¿O tal vez sí se puede pedir más que eso?

Agustín Ostos Robina dijo...

Hola Meme!! espero que te gustase el corto por los derroteros que tanto frecuentas.
Al final no pudimos quedar esta semana, lo fijamos a la vuelta sin falta?

Por cierto, ¿cómo calificarías tu estilo de escritura?

InfusionDeLotoNegro dijo...

Uffff que bueno Meme…
Duro, tremendo diría yo.
¿Por qué lleva el nombre de esa estupenda película de Kim ki duk?
O será que yo lo he relacionado, y nada tiene que ver.

Un enorme abrazo