lunes, 18 de abril de 2011

Lo que le falta a tu cuerpo para ser perfecto

La luz amarilla del mediodía ha entrado vertiéndose sobre la mesa.
Ha cavilado por un momento que le encantaría poder masturbarse pensando en la luz del mediodía o en el piar de las golondrinas, porque no hay nada más sublime, porque las personas ahora mismo le dan asco.

Se hunde hasta las rodillas adolescentes en el agua caldosa del arrozal. El río ha arrastrado barro, linfa y huesos de vaca ahogada.
Y pierde los pantalones en la corriente a fuerza de concentrarse en el sexo de los conejos, aún con el gusto de la herrumbre en la boca y el escozor de la bofetada marcada junto a un diente. Piensa en la sensación del aire que no transporta ni frío ni calor, en las tardes de febrero, en los patios con hamacas y mosquiteras. Imagina flores hambrientas, jugosas, moviendo sus capullos sutiles hacia su vientre, luces de bosques nocturnos, círculos de olas en los lagos blancos, montañas triangulares con picos colmos de nieve. El sabor de las cerezas, perenne en el cerebro, el apartar el hueso con la lengua; la estación de las lluvias, el agua de coco, el crujir de la tierra. Ha rememorado todo lo hermoso, todo lo agradable, pero no ha podido eyacular hasta que ha pensado en dos pezones.
Y hay un pequeño ahogo de muerte y de luz, un pozo exquisito de final inevitable.
Cuando abre los ojos, hay un hilo blanco, unas manchas espumosas que flotan. Ahora el río arrastra más cosas, se ha inundado de lodo la ría entera, porque el agua todo lo corre, porque no había nadie para recibir su sementera.

Y se ha avergonzado de su condición humana, ansiando el vuelo de las golondrinas.

6 comentarios:

la chica del ático dijo...

y menos mal que el río arrastra, todo lo muda, duele tropezarse con la condición humana.


p.d: las siestas son algo como para rememorar, señorita :)

Igor dijo...

Caramba, que texto tan ambicioso, diría que felizmente ambiciosa. Ni se me hubiera ocurrido que a través del sexo y su contraposición con la naturaleza se podría hacer una crítica tan radical de la condición humana.
Y esa poesía que lo vertebra todo.
Saludos.

Agustín Ostos Robina dijo...

Específico, selecto, erótico, desvergonzado, directo, frío pero sentimental. Así creo que es tu estilo.

Irene Comendador dijo...

Me encantan los textos que no me dejan indiferente y el tuyo ha sido asi, me has dejado enganchada, muy fuerte y al tiempo descarado y penetrante, muy buenas tus letras, nos leemos, besos

◊ Dissortat ◊ dijo...

Magnífica manera de definir las ganas de no sentir nada con nadie. De gozar uno por el simple hecho de gozar imaginando. Realmente espero que el agua del río NO arrastre el asco por las personas.

Cristinota dijo...

la corriente del agua que todo lo arrastra.... muy sensitivo tu texto ;)

un besico!