miércoles, 6 de abril de 2011

Que nunca deje de caer

Ardores de mejillas, de manzanas de tierra y de pan. Calor: desabrocharse.
Descienden ríos de niebla, cascadas decadentes de rayos y harina sin tamizar. Y hay terremotos y castañeteo de huesos; son unos crujidos memorables. Intensos contra las piedras de las montañas, como disparos. Colonias de erizos en el horizonte, que es redondo. Cayendo se desmenuza la harina, como tierra seca, como estiércol limpio y la devuelven al río. Como un vozca tibio.
Ya nada pesa, no hay gravedad en los arrozales grises.
Nunca pensé que volvería a sentir este placer, mientras el cielo me aplasta. Se hunde el mundo, se craquela, se ha caído el cielo como desconchado del techo. Y me encanta.

4 comentarios:

◊ Dissortat ◊ dijo...

Profundo y fuerte...

InfusionDeLotoNegro dijo...

¿Estás volando Meme?
Si es así, me alegro infinitamente…
Me gustaría ver un horizonte de esos, lleno de erizos. Que ericen las pestañas solo de contemplarlo…

Enorme-beso-abrazo

Agustín Ostos Robina dijo...

Bien podríamos estar ante un viaje de ácido. ¿LSD en estos tiempos que corren? ¡Es peligroso! Tu texto transmite una sensación de purificación, ascenso y vuelo terreno-espacial.

Gabiprog dijo...

Cuando abrazamos el paraiso palabras como arriba, abajo y orden pierden el sentido... Y de hecho, no nos importan.