sábado, 25 de junio de 2011

La fundición

Hay que ver qué boca tienes, por la que hablas y desdices todo lo que me han dicho hasta ahora; una boca de risa suspirada en el desencaje, por la que suenas bajo y profundo. Te me arrojas con esa boca sobre los ojos y mi boca se hace enana, de pequeñez absoluta, de niña inexperta y callada. Como niña muda soy, que deja que hables todo lo que pasa por tu garganta, virgen a la que le tocas los pechos mientras les hablas, como si a fuerza de palabras fuesen a crecer y a estallar de plenitud sobre tu cara. Y es que todo son palabras, para todo tienes palabras que desgiran la tierra, que enrevesan el mundo y hacen al sol moverse. Maldita tu boca colmada de aire.
Tocas mis pechos y les hablas y son suaves, dices, más suaves que mi cara. Y te empalmas.
Me alivia poder colocarme en el suelo, por fin a la altura de tu pelo, aunque me rebases cinco pies por las piernas. La ferocidad ha intentado ahondarte, Caperucita, a la que sacan del vientre con la miel. Me duelen los hombros y la cadera del suelo contra el que me has empotrado. Larguísimo palo de hierro, todo compacto en tu delgadez tan dura. Voy a partirte el cuello de ansias, para que seas de mi altura.
Me mandas callar con tus dedos bien profundos, al parecer la pequeña gime demasiado. Que muy bien aprendida se tiene esta lección el feroz animal y todas las infantas se corren en sus dedos. Y me mueves la boca sin callar la tuya, que no hay momento que te deje sin aliento, lobo estepario y, además, sangriento.
Que alguien me perdone si he pecado de querer, de llenarme de ansias de querer tu boca tan llena de lenguas de serpiente, que amor piden, y no se gastan. Porque en esta vida, dices, sólo queremos que nos quieran. Y tú nunca te callas, salvo cuando vas a correrte, nunca te callas y después sigues sin callarte.
Y me pregunto qué pasó con la dinamitera que había en mi, que se ha hecho niña impúber adolescente, a la que has dejado con el sueño de los que beben leche. Sólo me cabes por la mitad de la boca, enorme estampida. Tú, altísimo parlante, maldita tu estampa de perspectiva completa y maldita de nuevo la boca que se te mueve tan dura en la mandíbula tan tersa.

6 comentarios:

la chica del ático dijo...

"Porque en esta vida, dices, sólo queremos que nos quieran"

como dice una canción de lori meyers: sólo necesito amar, es mi única ambición.

el texto parece una guerra carnal, me gusta, no hay perdedores.

aina dijo...

Me gusta. Mucho.

Agustín Ostos Robina dijo...

Qué genial conjugada queda la inocencia con el pecado. O, al menos, así lo veo yo. :)

Vagamundo dijo...

Muy bien me parece que la sigas descubriendo con tu propia boca, a esa boca, con tu carne, con tus propios oídos y no con los de los demás. Demasiado bonito para no ser verdad.

sandocan en bicicleta dijo...

no estoy seguro que sea una guerra carnal como han dicho mas arriba. para mi es como bailar un vals. y en caso de ser una guerra, seria la mas romántica de todas.

un saludo grande desde la lejanía, querida amiga.

Chus A. dijo...

Tú, meme, sí tienes una cabeza, y un verbo que es torbellino de palabras.
Dije torbellino? Ciclón, perdón.