jueves, 26 de enero de 2012

Lo analógico

Tengo el derecho de alcanzar la noche cerrada, el azul de tu cara en la boca, el brillo de tu blanco tan pequeño en los ojos, que cuando recaigo sobre ellos ya se ha ido. Tengo el deber de abordarlo, el frío y el hielo de las noches azules, llevar al campo negro la luz de las fugaces, de las errantes estrellas de bengalas y neones. Llenaremos el trigo de fantasmas blancos congelados en estelas. Tú me darás el permiso y tendré al fin el honor del tiempo para mí y la luz del mundo y todo lo vivo que quede en él, mío en un instante, separado de todas las otras cuatrocientas partes de un segundo, porque el infinito se quedará parado en tu cara, parado en tu boca, quieto en los ojos que te brillan vivos, por fin, en mi película, latiendo, latiendo lenta la imagen, como tu cuerpo volador.

2 comentarios:

Igor dijo...

Será que lo bello es un suspiro.
Besos.

Nítsuga Sotso Anibor dijo...

Se te ha escapado un "mi" sin tilde. Todos tenemos derecho a tantas cosas... y pocas veces los ejercitamos.