viernes, 6 de enero de 2012

No fuel, Leda

Me duele el pecho de los aletazos que me empalmas con tus alas de albatros, a veces eres así, como un pájaro inmenso al que le gusta planear sobre la gente y luego aterrizar sobre sus cuerpos. Quién lo hubiera dicho, al verte los pequeños ojos en la cara, que ibas a acabar siendo un pájaro inmenso. Te lanzas sobre ellos como una mantarraya y los envuelves de calor, una y otra vez, a aletazos fieros, como de bandazos de gaviota. Mientras te me estrellas sin descanso como un pálpito externo y tan fuerte, te convulsionas como los vencejos asustados y luego me cubres y me calmas la herida con tu palma caliente; temo entonces que nunca deje de dolerme el pecho. Debajo de tus manos te me llevas resbalando las ausencias y el destierro, como si yo volviera a formar parte del orden de las cosas, y vas posando la ternura que traes de tus vuelos. Me gustaba pensar que llevabas por las venas volando a los pájaros negros en bandada, de arriba a abajo por tu cuerpo y que era de ese viento que se formaba al batir de las alas que se te frenaba el corazón de bloqueo, como una presa demasiado llena, y por eso tienes un latido tan lento. De esos pájaros te vino la pasión por el aire, ellos te levantan y posabas tú tus ojos en los míos de constante, como todos los gorriones se posan del vuelo. Y sólo una vez te posaste tú sobre mi tan suave como si fuese yo el nido, sólo una vez, como si entrases de pronto modelándome con tus piernas las carnes como de arcilla, como si llegases a casa y descansases al fin las manos de planear los vientos y ya no soplase nada, ni existiese oxígeno ni el cielo y sólo quedase restar en tierra aplastado, presionado dejando tu horma tan ligera en mi cuerpo de barro. Pero al final, ya en este final, has resultado ser un hombre con los huesos huecos, inmensos pero huecos, con los que abarcas el aire con tu envergadura que parece infinita y al despertar cada día se me apalanca y se me corta el riego pensando en ti, cada día pensando en ti. Nunca más volverás a posarte. Y tengo que decirte, ahora sí, que ya son demasiados golpes frontales en mi pecho, de todas la veces que me has aterrizado de pronto y llorando tengo que rogarte que pares, que no batas más sobre mi para volarme el pelo con tus caricias tan libres, de ave indomable. Y es que no puedo contigo. Puedo decirte que sobre todos volarás, sobre todos hasta consumirte, mientras todos nos consumamos siempre más rápido y serás el éxito que todos queremos ser, el ejemplo que todos queremos ser, aquello que fue demasiado bueno para ser mío. Y es que yo no puedo seguirte, es evidente sin tus alas, vuelas demasiado alto y sabías que yo era del barro y nada más, del barro y tu costilla. Y ya sólo puedo decirte adiós, altivo príncipe del azur. Adiós, albatros aviador. Adiós, para siempre, pequeño piloto.

5 comentarios:

Igor dijo...

Cómo decirlo, Meme. Escribes estupendamente. Esta capacidad de convertir en materia, las letras, algo tan indefinible.
¿Escribes para pocos? No lo sé. Yo creo que se entiende muy bien.
También te has fijado en los albatros, los vencejos (tuve uno en mis manos), las alas y los seres de barro y sangre.
2012. Allá va.

Casiopea dijo...

Impresionante, como siempre. Me encantas Meme. Aunque la historia que adivino en verdad no me encante tanto. Pero una cosa te digo. Si al menos ha servido para que escribas algo así... habrá merecido siempre la pena.
Un beso

Nítsuga Sotso Anibor dijo...

Me has recordado a el autobus que me lleva a mi pueblo. Son la línea LEDA!! Línea extremeña de autobuses jajaja. Su símbolo es un cisne por el mito griego. Oye te tengo que hacer una consulta fotográfica!!

Cris dijo...

Qué triste...

Vagamundo dijo...

Hay aves espléndidas que nos despiertan el ave fénix interior. Lástima que a menudo sólo nos dejen con las cenizas.