miércoles, 13 de junio de 2012

1:11

Te miro, con mi boca callada, mientras duermes. Con la boca cerrada yo te miro, y tú duermes con la boca entreabierta, como unas alas batientes de polluelo que respira. Donde está tu boca abierta, está un espacio de calor como de radiador. Te laten los labios como presionados por dedos que te mandan callar, como palmas transparentes que te tapan la boca. Los músculos de la mandíbula se te han dormido también y no te sujetan entrecerrada la boca, siempre entreabierta. Los tienes suaves y flácidos estos músculos, blandos y dulces, que como un charco se distienden hacia los bordes de los dientes. Hay cosas que haces con la boca entreabierta, pienso que es un tic tuyo. Escuchas con la boca entreabierta; si masticas lo que te digo lo haces con la línea despegada de tu hueco, te pasas la lengua por los labios y te dejas un gesto líquido en las comisuras. Escribes con la boca abierta; cuando no encuentras la palabra te muerdes las puntas de los dedos, esperas que vengan las palabras desde la raya de tus dientes. También lees con la boca entreabierta, siempre, y a veces mueves los labios que ponen los pliegues de las palabras que lees. Pero cuando hablas parece que cerraras la boca, cuando hablas muchas veces parece que lo hagas con las cejas, de tu frente a mi frente, comiendo el silencio. Cuando hablas se te paraliza la lengua. Y hay palabras que adoras decir, aunque tengas apretada la boca. Odias, me dijiste, decir las palabras cortadas: tú no haces fotos, haces fotografías, no ves tele, sino televisión, tú sólo vas al cinematógrafo y a la filmoteca. Y nunca me dejas leer lo que escribes con la boca entreabierta, hacerlo sería como verte desnudo, más desnudo que cuando estás en la bañera, sudando.



1 comentario:

Vagamundo dijo...

Un retrato de alguna manera despiadado... sin concesiones.