miércoles, 15 de mayo de 2013

No soy yo quien cuenta esta historia

Lo que dificultaba poder decir esto, y la razón por la que no dije nada ese día, era porque temía que si se decía en voz alta, se desvanecería. Nunca hay que decir tu nombre en voz alta delante del diablo. Del mismo modo que nunca dices cómo te sientes por el miedo a que él lo oiga y se lo lleve todo; a que algo se interponga.



3 comentarios:

Igor dijo...

Hola, bienrenacida.
¿Te has leído el Mago de Terramar? Lo digo por la importancia de prounciar o no el nombre, que lo lleva todo.
Ah, si comes palabras y no las pronuncias seguro que tardan más en desvanecerse.
Besos.

Jesús Elorriaga dijo...

Volviste a la luz... ;-)

Vagamundo dijo...

Catafractos ante la intemperie.