sábado, 20 de diciembre de 2014

Canene está aquí, conmigo.

Ya está, se ha derrumbado la casa, se la han llevado y ya no es nuestra. Que ese suelo ya no es mío, que ese espacio a siete pisos sobre el suelo no es mío y que ya no puedo pisarlo y que van a tirarlo abajo, con todo el aire que tiene dentro, con los azulejos azules, con las estanterías, con los armarios. Con papeles la han comprado mal vendida. Y creen que han comprado el recuerdo y lo han borrado. Y que podrán derribar cada resto de lo antiguo, cada vieja madera, cada desconchón de pintura, cambiar la distribución de las cosas, las subidas del agua y los huecos de las ventanas. Y se creerán que han comprado la luz de las casas blancas del otro lado de la calle, y los rascacielos del rinconcito de ventana del despacho y tal vez se crean que han comprado la vista del patio y a las golondrinas y las palomas que volaban de una pared a otra y el mirlo que volvía cada verano sobre la cocina, pero esos no los han podido comprar, porque son míos y sólo míos y como amaestrados sólo vendrán a mi llamada, cuando yo levante de nuevo la casa, cuando la reconstruya y ponga de nuevo cada cosa en su sitio. Cada libro, cada pisapapeles, los azulejos uno a uno sobre la bañera y la casa de muñecas. Y volverá la gata naranja y Julia y las nubes a borreguitos y el cielo como panza de burro y el verano al patio amarillo con los chillidos de los vencejos y la casa, que ya no será más su casa, será la mía, la de la pequeña Meme con la mano quemada, la de Canene y el Abuelo, y habrá vuelto el aire que nunca debió salir de ahí, el olor del papel y tendremos todo lo bueno, aquello que ellos nunca tendrán, pues sólo han comprado mal vendido un trozo de espacio a siete pisos del asfalto, nada, un hueco más del mismo portal de cien vecinos, unos ladrillos más que derrumbar. Y ojalá se asfixien bajo ese polvo, el polvo naranja del ladrillo y de lo insulso, ese polvo que a nosotros nunca nos tocó. Nuestras manos blancas al despertar seguirán siempre sobre nuestras cabezas y nosotras mirándolas, sonriendo.

1 comentario:

Pablo Moreiras dijo...

Querida Meme,

Espero que sigas existiendo en algún lugar, y que sigan existiendo tus palabras, hilvanando estos jirones de vida que escribes con los que yo disfruto tanto y me identifico en gran medida. Un fuerte abrazo